jueves, 3 de junio de 2010

Jackie Gollum y el karma.



Dicen que todas las mujeres nos transformamos al entrar en lugares catalogados como centros de oportunidades, outlet, factory... sin importar la edad, la nacionalidad o el credo. El caso es que sale lo peor de nosotras, el animal que llevamos dentro y un afán por encontrar el mejor chollo del siglo (que luego seguramente se pasará temporadas enteras en el fondo de nuestro armario).

El otro día fuí a comprar unos pantalones para mi media costilla y me encontraba buscando la talla y el modelo adecuado cuando a un par de metros de mí se iluminaron cual cáliz. Yo los miré, ellos centellearon, y ya me encontraba dando mi primer paso cuando una rauda señora, bajita, regordeta y más ágil que el mismísimo Jackie Chan se me cruzó en mi camino y cogió los dichosos pantalones como si del anillo de Gollum se tratase. La miré, me miró, y la muy pécora me puso una cara de satisfacción... arg.

Pasados unos segundos, minutos, está bien... pasadas un par de horas, me acerqué a la cola para pagar mis adquisiciones y ¿quién se encontraba delante de mí?, exacto, la mismísima Jackie Gollum, con los pantalones centelleantes que le habrían sentado tan bien a mi querido. Me miró, me puso la misma cara de pécora y yo solo podía ver un 1 sobre su cabeza y un 0 sobre la mía.

El caso es que tocó su turno, se aproximó a la caja y ohhhhhhhh Dios miiioooooo, le quitaron la alarma a los pantalones y tenían un tremendo agujero en la parte trasera que solo servía para que la señora pudiese sacar su rabo de demonio, miró los pantalones, a la cajera y a mí, y tal debió ser mi cara de satisfacción, que dejó el resto de cosas y se marchó renegando y arrastrando los pies (lo segundo seguro que fue percepción mía). Jackie Gollum 1, Ana 1000.

¿Karma?

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