Dibujo: David Santiago
Texto: Pablo Martín de Serdio
Nuestros dirigentes, independientemente de su color, en aras de la paridad y la igualdad, tienden a desatender la economía del lenguaje para ser políticamente correctos y correctas.
Parece ser que no queda bonito decir ciudadanos "a secas" para referirnos a la masa sin distinguir el género de los individuos o individuas que la conforman. Nuestros abuelos debían ser más listos que nosotros pues necesitaban menos palabras para expresar exactamente lo mismo. En plena crisis nos empeñamos en gastar energías para hacer distinción del género entre ciudadanos y ciudadanas, entre diputados y diputadas, jueces y juezas, etc. Y para rizar un poquito más el rizo, deformamos las palabras para sacar un equivalente en ambos géneros. Hablamos así de médicas, concejalas, edilas y demás palabras que, por lo menos a mi, me suenan muy forzadas.
Sin embargo nadie se queja cuando se produce el caso contrario, cuando el equivalente masculino no existe o no suena bien. Yo pienso ser más moderno que Rajoy o Zapatero y a partir de ahora reinvindicaré el derecho masculino a que al que hace deporte se le llame atleto, al que hace vida contemplativa se le denomine anacoreto y el que trabaja en los medios de comunicación sea un periodisto. Ea.
